Ciudad de México. Crédito: Dede la Fe.- Cada año, durante la Cuaresma y la Semana Santa, vuelve con fuerza la pregunta: ¿Judas Iscariote se fue al infierno o se salvó? La duda aparece en homilías, redes sociales y conversaciones familiares.

Cuando era joven, había pocos canales de televisión y esto permitía más momentos de encuentro y convivencia con la familia. Durante el tiempo de Cuaresma, tiempo de preparación a la fiesta de la Pascua (Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo Jesús), en la televisión no faltaba algún programa sobre Judas Iscariote, y siempre surgían las mismas preguntas: “¿Se arrepintió Judas?”, “¿se salvó Judas?”, “¿se fue al infierno?”

Y, aunque participaban personas especialistas (y otras no tanto), casi nunca se daba una respuesta clara, así que el tema se discutía año con año.

En el seminario, donde nos formamos y se forman los futuros sacerdotes, sin tanto sensacionalismo –y evitando el morbo–, partíamos del análisis de los textos sagrados, junto con la Teología y la Moral, para buscar respuestas a estas interrogantes.

Analizábamos y argumentábamos a favor y en contra. Casi siempre el debate parte de si Judas Iscariote estaba destinado o predestinado a entregar a Jesús, a traicionarlo. La Sagrada Escritura lo subraya varias veces como “el que lo iba a traicionar” o “el traidor”.

Si volvemos a leer los textos que hablan de Judas Iscariote, vemos que no estaba plenamente convencido con la Buena Nueva que predicaba Jesús; que robaba de la bolsa común, se dejaba llevar por la avaricia, que el mal entró en su corazón, traicionó al Señor y lo entregó por 30 monedas de plata. Uno de los evangelistas añade que después se arrepintió (pues quizá pensaba que Jesús se libraría de la muerte), y que terminó colgándose de un árbol.

Conviene hacer una precisión importante: no debemos confundir a san Judas Tadeo (apóstol y pariente de Jesús) con Judas Iscariote (el traidor), algo que en la devoción popular ocurre con frecuencia.

¿Judas Iscariote se fue al infierno o se salvó?

Cuando algún fiel me pregunta: “¿Judas Iscariote se fue al infierno?”, mi primera y rápida respuesta, fiel a la tradición de nuestros mayores, es: “¡Sepa Dios!”. En Él está la respuesta.

Por lo que dice la Sagrada Escritura, podría parecer fácil concluir que “se condenó”. Sin embargo, hay un detalle del Evangelio que llama la atención: Judas se arrepintió y devolvió las monedas que había recibido por entregar al Maestro, aunque después se quitó la vida colgándose. ¿Qué había realmente en su corazón? ¿Por qué actuó así? Sólo Dios lo sabe.

Es importante subrayar que Dios no forzó a Judas a traicionar a Jesús, ni lo obligó en sus decisiones. Judas Iscariote tuvo muchas oportunidades de convertirse y salvarse. Dios es bueno y misericordioso, y ofrece su gracia hasta el último instante.

Por eso, la conclusión más prudente es esta: tal vez Judas esté en el infierno, tal vez se salvó y esté en el cielo; sólo Dios conoce lo que hay en el corazón de cada persona, y Dios siempre invita a la conversión hasta el último momento de la vida, porque quiere salvar a todos y que ninguno se pierda.

La salvación brota de la gratuidad del amor misericordioso de Dios, y el ser humano, con su voluntad y su conciencia, la acepta o la rechaza. Si Judas Iscariote se arrepintió de corazón, se salvó; si no se arrepintió, se condenó. Y, como sucede con cualquier persona, su destino eterno ha quedado en manos de Dios.