Celaya Gto. Por: Autor desconocido.- Rodas fue un legendario antro ubicado en el corazón de Celaya y que nos dio uno de los espacios de mayor libertad durante la primera parte del milenio.

Esta discoteca, club nocturno o centro de diversión para bailar recibió a gran parte de la comunidad gay/LGBTIQ del bajío, durante años y fueron muchas las historias que se escribieron en este increíble lugar.

Yo lo conocí en el año 2005 y entrar ahí, era como llegar a una dimensión que escapaba al tiempo y al espacio del mundo exterior.

El lugar estaba ubicado debajo del edificio del monte de piedad en el bulevar Adolfo López Mateos, que es una de las principales vías de tránsito de la ciudad cajetera y era básicamente el sótano del lugar, con dos plantas de baile.

Los colores, las luces y las criaturas más extravagantes, esas que solo salen de noche envueltas en brillo y lentejuela se dejaban ver, sobre las bocinas, en la barra, en cada una de las mesas veías a chicas y chicos felices de estar dentro de un ambiente de total aceptación, lejos de la discriminación y el dedo apuntando lleno de prejuicios en tu dirección.

Ser una persona homosexual a inicios del milenio, digo, aún en nuestros días sigue siendo un tema discutido, pero en esos años, las leyes derechos y respeto, aún no eran algo que preocupara a la agenda legislativa, pero bueno no nos pongamos serios y sigamos recordando lo que para muchos fue, una de las mejores épocas para la comunidad gay en Celaya.

La Matilda, la alta, la baja, la osa, (todas ellas mujeres trans), los shows travestis que se ofrecían eran algo común y entre shots de tequila, cerveza y demás espíritus animaban a todos a dejarse llevar por los sonidos desde música internacional con Offer Nissim, hasta el clásico ya “todos me miran”, de Gloria Trevi, que por aquellos años apenas empezaba a sonar.

La diversidad de gente perteneciente a la comunidad del arcoíris era, y creo sigue siendo la más divertida para una noche de baile.

Y recuerdo frases como esta: “Yo soy heterosexual, pero me encanta venir, este es un lugar muy divertido y ustedes (los gays) son los más divertidos para la fiesta, vengo seguido y mucha gente que no es gay viene también”.

Las miradas y tensión que se hacia entre aquellos que se gustaban era evidente y también se sentía en el ambiente.

Los niños más lindos y mejores vestidos, el que cada fin estaba ahí, el mala y el buena copa, las chicas trans con pelucas rubias y medias de red, las lesbianas con camisas cuadradas y aquellas con más feminidad, la mejor imitadora de Mónica Naranjo encantaba a todas y todos haciendo lipsync del primer disco de la española.

Por cierto, y en un recuerdo triste, ella (la imitadora), quien era bella con caderas y latex puestos fue asesinada en un departamento cerca de la central hace unos años, pero eso lo cuento en la siguiente.

Lejos de la violencia y de las palabras “maricón, puto o joto”, los que íbamos a Rodas sabíamos que por lo menos algunas horas y cada semana, la libertad sería absoluta, que esa dimensión desconocida para muchos, nos permitiría ser felices, con toda la juventud y la curiosidad del mundo, lista para ser satisfecha.

Justo como lo dije antes, creo que Rodas podría ser descrito en las palabras de quienes lo vivimos, como una dimensión y un tiempo distinto capturado por el ambiente que se formaba gracias a aquellos que lo único que queríamos era bailar y besar, sentir y hacer sentir, descubrir y sentir pertenencia.

Duró varios años la fantasía de este sitio, luego lo cambiaron a la parte de arriba, donde ahora es un centro nocturno para hombres heterosexuales, pero ya no era, ni se sentía igual.

Creo que Rodas en sus buenos años pudo haber sido el Studio 54 pero con celebridades locales y solo conocidos dentro del ambiente gay.

Aún así, quienes bailamos en su pista y nos enamoramos entre esas luces de colores, siempre lo seguiremos recordando con nostalgia y sonrisas. ¿Ustedes fueron alguna vez? Cuenten sus experiencias.