Ciudad de México. Por: Christian Allen.- Esta crítica se ha redactado después de ver la primera temporada completa de ‘Sex Education’ y no contiene spoilers.

Estoy escuchando el soundtrack de la que creo es la primer serie de Netflix que veo este 2019, sin duda Sex Education me hizo pasar varias horas fascinado, con la historia, la música y las experiencias de un grupo de amigos de secundaria en algún lugar del Reino Unido.

El descubrimiento sexual en la adolescencia no es nada fácil, pero sin duda, esta nueva serie nos deja un buen sabor de boca, tal y como lo hicieron algunas otras en años anteriores.

Y es que recordemos, el gran talento creativo de Netflix, que por cierto ya instaló oficinas en México.

No fue nada que no esperaríamos luego del éxito de Stranger Things,  Trece Razones, Todo es una mierda, The End of The Fucking World, o Élite, todas para diversas audiencias y siendo éxitos, casi,  consecutivos.

Pero bueno sin darte spoilers, porque todos los odiamos, te diré que ‘Sex Education’ se centra en la vida de un adolescente, más virgen que el éxito de Madonna del 84 (Like a Virgin), llamado Otis.

Su madre, una mujer que desde muy joven se tuvo que hacer cargo de su hijo, y que lo hace exitosamente al ser terapeuta sexual, en una pequeña ciudad alejada de las grandes metrópolis, pero no por ello menos interesante y compleja.

El niño creció en un hogar donde hablar de sexo siempre fue normal, rodeado de libros, dildos, pinturas de penetraciones, en fin, todo un templo de diversidad sexual, gracias a esto fue que éste, (Otis), sabía más allá que el adolescente promedio sobre el tema.

Su madre es una devoradora de hombres, al menos así la describe su hijo, que a pesar de ser ‘algo mayorcita’ (la edad es solo un número) sigue siendo dueña de gran sensualidad y encanto.

Esta serie protagonizada por actores británicos consigue una atmósfera que produce un efecto de familiaridad en el espectador, porque captura la ambientación de los institutos que estamos acostumbrados a ver en las series de este género pero en Estados Unidos (casilleros, la cafetería, las chaquetas de los deportistas, el baile de fin de curso…), pero usando el tono frio y el descaro de las series del Reino Unido.

Recordemos que siempre han dicho que el viejo mundo nos lleva unos 20 años de diferencia en cuanto apertura y avances en todas las materias, aquí claro en la sexual.

En la serie veras familias disfuncionales, pero adorables, profesores super cool, otros no tanto, el cuerpo desnudo femenino y masculino, masturbación explicita, y todo un plato de orientación sexual.

Netflix vuelve a demostrarnos que a sus series, como a los libros, no podemos juzgarlos por la portada, porque es probable que, de no haber sido por la presencia de Gillian Anderson, muchos habríamos ignorado Sex Education después de leer su premisa: “Otis, un chico virgen y socialmente torpe, crea junto a una compañera una clínica de terapia sexual clandestina en el instituto después de que su vida familiar salga a la luz en la escuela: su madre es una famosa terapeuta sexual”.

Colores y una sorpresa tras otra es lo que encontraras. Sex Education es una dramedia, y su tono principal es el cómico, sobre todo al plantear las escenas sexuales, verla con tus padres podría resultar incómodo.

La historia encuentra espacio para hablar del aborto, de violencia por orientación sexual o expresión de género, de homofobia internalizada, de la presión social e incluso del abandono familiar, pero es principalmente una serie optimista que trata con sumo cariño a sus personajes.

Estamos agradecidos por ver que el escenario de la serie va de la mano con el desarrollo cultural y real de la juventud de hoy en día.

Fueron ocho episodios que sin duda me dejaron con ganas de ver más, sobre todo porque estaba a punto de llegar al orgasmo… vela y me entenderás.

 

 

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