Ciudad de México. Por: Christian Allen.- Juan Gabriel, sin duda es uno de los compositores más prolíficos en la historia de la música.

Su talento, carisma, presencia y fuerza escénica lo hizo estar en la cima del éxito durante más de 40 años en vida, aunque sin duda y desde su muerte en 2016, permanece como leyenda y sigue tocando el corazón de millones de personas y nuevas generaciones.

Él, tuvo la habilidad para demostrar que el talento, pero sobre todo la perseverancia, la disciplina y las ganas de conquistar metas, podrían llevar a cualquiera a ser reconocido. Él, quien nunca habló sobre su homosexualidad en un país repleto de machismo y homofobia, se ganó el respeto del pueblo, mismo que siempre ha temido y atacado “lo diferente”.

México y el mundo aplaudieron esa forma de llevarnos a un viaje musical en cada show, en cada presentación, en cada programa televisivo o video promocional. (La música es la única disciplina artística que es capaz de unir los corazones de los seres humanos).

Alberto Aguilera Valadez, creó a un personaje en donde muchos nos refugiamos, muchos de los que nacimos con esa misma bendición de “ser diferentes”, de no encajar, de ir contra corriente para luchar por nuestra verdad.

Un artista que también supo mantener su vida privada muy oculta del ojo público, que, hacia lo imposible por lograr una foto, una historia, o algún escándalo que vendiera más periódicos en una época, donde, aún no existían las redes sociales, donde la vida de los demás no estaba tan alcance de nadie, más que de tu circulo muy cercano.

El pasado 30 de octubre la plataforma Netflix estrenó el documental: “Quiero, puedo y debo”, misma que ha resultado ser una gran sorpresa para millones, ya que, además de ser el programa más visto desde finales de octubre y durante este noviembre del 2025, nos mostró horas de vídeos y fotos inéditas del cantautor.

Y es que, Juan Gabriel y sin que nadie lo supiera, era un “influencer” nato, amante de capturar en cámara su vida, tanto la artística, como la familiar, su relación con amigos y amigas, su forma de hacer música, sus amores, los más reales, a los que siempre protegería.

Juan Gabriel nos llevó, literal, hasta la cocina, e incluso creo que pudimos reconocer, aunque no se describiera abiertamente como tal, a uno de sus amores y compañeros de vida, que, aunque tuvo hijos y una relación muy cercana con la madre de ellos, sus amores de pareja no fueron mujeres.

Cito su conocida frase otorgada en una entrevista cuando le preguntaron ¿si era gay?, a lo que él contestó: “Dicen que lo que se ve no se pregunta mijo”.

Es imposible no hablar de Alberto sin mencionar su vida privada, pues esa misma era parte de su esencia y de la forma en que actuaba, se comunicaba e interpretaba. No es difícil reconocer que sus obras musicales, muchas, eran producto de sus vivencias personales, él mismo lo decía, “escribía sobre lo que conocía”.

Ser “joto” en un México en desarrollo durante los 70’s, 80’s, y 90’s, no fue impedimento para que Juan Gabriel callara millones de bocas, él simple y sencillamente logró anteponer su talento a los prejuicios, la doble moral y la muy conservadora sociedad mexicana y latinoamericana.

Si aún no han visto este documental, corran, de verdad, como fan o no fan de ese gran icono, esa será una catedra de cómo explotar tu talento, cualquiera que este sea y llevarlo a limites inimaginables. El mensaje de confianza en ti mismo es uno de los más poderosos expuestos en esta serie de cuatro capítulos.

Pero bueno, avanzando, y como ya muchos han compartido las ganas con las que se quedaron de ver a Juan Gabriel actuando en vivo, mediante plataformas como Titktok, donde se suben videos o fotos de Bellas Artes con un fragmento de la canción “Hasta que te conocí”, tocada en 1990 para “fifís” de la época. La secretaría de Cultura en coordinación con Netflix decidieron proyectar ese mismo concierto en la máxima plaza pública de México, el Zócalo.

Tal y como lo viví cuando llegaron las cenizas de Juan Gabriel al palacio de Bellas Artes en 2016, el poder de la música y sus alcances de nuevo se hicieron presentes.

Sin importan credo, raza o clase social, la riqueza cultural y la diversidad se sintieron vibrantes.

De verdad, poca gente logra esa magia por medio de la música, y más luego de tener años muerto, pocos han estado y permanecido en el corazón de la gente como nuestro Juanga.

A quienes fueron parte de este nuevo momento que involucra a Juan Gabriel, gracias por haber sentido, amado y dedicado alguna letra de nuestro orgullosamente mexicano cantante, compositor, amigo, padre de familia, y ser humano excepcional.

Hasta la próxima.