Ciudad de México. Por: Santiago Leal.- El día de hoy un articulo de opinión del Diario El Universal publicó un escrito hecho por Alejandro Hope, donde dice que ‘no está bien celebrar’ la golpiza que le dieron a un ladrón el pasado viernes dentro de una combi luego de intentar asaltar a los pasajeros.
Y es que el vídeo se hizo tendencia, no solo en México, donde miles de personas publicaron miles de mensajes aplaudiendo el momento, además de mostrar su creatividad urbana por medio de memes y videos.
Sí bien, es entendible que la violencia no es el camino, también se entiende que México y la gente buena que vive y sale a trabajar todos los días, simplemente están cansados de la violencia, de la casi nula impartición de justicia, de la impunidad y de la falta de garantías para transitar LIBRES por las calles.
No son pocos los que, con miedo a lo que pueda pasar en una jungla como la ciudad de México, tienen que usar todos los días de la semana el transporte público, un tema de violencia que no es exclusivo de las grandes ciudades.
En muchos puntos del país durante los últimos meses se ha incrementado el número de robos y asaltos ante la falta de trabajo y la crisis económica mundial que se enfrenta.
En lo personal creo que, no es políticamente correcto reír al ver violencia, pero el hartazgo hizo que muchos celebraran el momento por el que pasó el ladrón, que actualmente se recupera de los golpes recibidos.
Más que un tema viral o que quedé en la historia de internet, a partir de ahí los funcionarios encargados de la seguridad tendrían que capitalizar socialmente el momento, para evitar o al menos disminuir el número de ataques a las unidades del transporte.
Sobre sus ruedas se han registrado múltiples asaltos con violencia, y al parecer los ejemplos no son suficientes para crear un sistema preventivo de seguridad, y es que ni siquiera las cámaras dentro de las unidades han frenado estos sucesos.
Ustedes ¿qué opinan? ¿se divirtieron con los memes? O consideran, como pocos, que estuvo mal sentir tanta satisfacción con ese caso en el que el karma llegó de forma instantánea.









































