Ciudad de México.— El debate sobre el uso de teléfonos celulares dentro de las escuelas públicas volvió a tomar fuerza durante el regreso a clases de 28 millones de estudiantes en México, luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum utilizara el reciente proceso judicial contra Meta en Estados Unidos como argumento para defender la regulación de estos dispositivos en los planteles educativos.
Durante la mañanera realizada este lunes en la Secundaria Número 10, ubicada en la alcaldía Cuauhtémoc, la mandataria señaló que el caso contra la empresa propiedad de Mark Zuckerberg evidencia los riesgos que pueden representar las plataformas digitales cuando son diseñadas para mantener a los usuarios conectados durante largos periodos.
Sheinbaum explicó que, de acuerdo con lo expuesto en el proceso judicial estadounidense, se habría reconocido que determinados mecanismos utilizados por las plataformas para generar una permanencia prolongada de los usuarios no fueron producto de una casualidad, sino de decisiones relacionadas con el propio diseño de los servicios.
La presidenta vinculó este debate con la necesidad de establecer límites al uso de teléfonos celulares dentro de las escuelas mexicanas, particularmente entre niñas, niños y adolescentes.
El caso de Meta se ha convertido así en uno de los argumentos utilizados por el Gobierno mexicano para advertir sobre los efectos que pueden tener las redes sociales en la población joven, especialmente cuando su utilización deja de ser una herramienta de comunicación o entretenimiento y se transforma en un comportamiento compulsivo.
Redes sociales y adicción digital
Plataformas como Facebook, Instagram, TikTok, YouTube y otras redes sociales utilizan sistemas de recomendación que analizan las preferencias y comportamientos de cada usuario para mostrar contenido personalizado.
Entre los mecanismos que pueden favorecer un uso prolongado se encuentran las notificaciones constantes, los videos de reproducción automática, el desplazamiento prácticamente infinito y los algoritmos que seleccionan contenidos de acuerdo con aquello que genera mayor interacción.
En el caso de los adolescentes, estas dinámicas pueden tener especial relevancia debido a que se encuentran en una etapa de desarrollo en la que todavía están madurando procesos relacionados con el autocontrol, la toma de decisiones y la regulación de impulsos.
El uso excesivo de redes sociales se ha relacionado con problemas como distracción, alteraciones del sueño, dificultades para concentrarse, reducción del tiempo dedicado a actividades físicas y escolares y exposición constante a contenidos potencialmente dañinos.
También existe preocupación por el impacto que pueden tener determinados contenidos sobre la autoestima y la percepción corporal de los jóvenes. La comparación permanente con imágenes idealizadas de otras personas puede generar sentimientos de insuficiencia, ansiedad o presión por cumplir determinados estándares de belleza y popularidad.
A esto se suma la exposición al ciberacoso, discursos de odio, violencia digital, desinformación y contenidos relacionados con conductas de riesgo.
El teléfono llega al salón de clases
En este contexto, el Gobierno mexicano ha planteado limitar el uso de celulares durante la jornada escolar. La intención, de acuerdo con el planteamiento oficial, no sería eliminar la tecnología de las aulas, sino evitar que los dispositivos se conviertan en una fuente permanente de distracción.
La discusión ocurre precisamente cuando millones de estudiantes regresan a las escuelas y los teléfonos inteligentes forman parte cotidiana de su vida.
Para las autoridades educativas, uno de los principales retos consiste en encontrar un equilibrio entre aprovechar las herramientas digitales para el aprendizaje y evitar que las redes sociales interfieran con la actividad académica.
El celular puede utilizarse para consultar información, desarrollar actividades educativas, comunicarse ante una emergencia o acceder a determinadas plataformas escolares. Sin embargo, durante una clase también puede convertirse en una puerta de entrada inmediata a videos, mensajes, juegos y redes sociales.
Meta y el debate sobre el diseño de las plataformas
Sheinbaum hizo referencia al proceso judicial estadounidense contra Meta para subrayar que la discusión sobre la salud y el bienestar de los menores no puede limitarse a responsabilizar exclusivamente a las familias o a los propios jóvenes.
La controversia plantea una pregunta de fondo: ¿hasta qué punto las empresas tecnológicas deben asumir responsabilidad por las características de los productos digitales que ofrecen a menores?
De acuerdo con la información expuesta por la presidenta, el proceso involucró a 29 fiscales estatales estadounidenses y contempló un acuerdo económico que, según su explicación, superaría los 17 mil millones de dólares para cerrar la demanda.
Más allá del monto y de los detalles legales del caso, el debate internacional pone bajo la lupa el modelo de negocio de las grandes plataformas tecnológicas y la manera en que sus algoritmos pueden incentivar que las personas permanezcan conectadas.
Para Sheinbaum, este escenario refuerza la necesidad de establecer reglas claras para proteger a la población infantil y adolescente.
Una generación conectada permanentemente
El desafío para México no es menor. Los estudiantes que regresan a las aulas pertenecen a una generación que prácticamente creció acompañada de teléfonos inteligentes, internet y redes sociales.
Para muchos adolescentes, las plataformas digitales son espacios para socializar, informarse, entretenerse y construir parte de su identidad. Prohibir o restringir su utilización, por sí solo, no resuelve los problemas asociados al entorno digital.
El reto también pasa por educar a los estudiantes en el uso responsable de la tecnología, fortalecer la alfabetización digital, enseñarles a identificar información falsa, reconocer situaciones de acoso y comprender cómo funcionan los algoritmos que determinan buena parte del contenido que aparece en sus pantallas.
La discusión sobre los celulares en las escuelas, por lo tanto, va más allá de decidir si un estudiante puede o no utilizar su teléfono durante una clase. Se trata de determinar cómo proteger a una generación que pasa una parte importante de su vida frente a una pantalla, sin renunciar a las posibilidades educativas que ofrece la tecnología.
Con el caso de Meta como telón de fondo, el Gobierno mexicano busca colocar nuevamente en el centro del debate la relación entre redes sociales, infancia y salud digital, mientras las escuelas enfrentan el desafío de enseñar en una época en la que el mundo virtual acompaña a los estudiantes prácticamente a todas partes.









































