Ciudad de México.— A casi una década del transfeminicidio de Paola Buenrostro, el caso que se convirtió en uno de los principales símbolos de la lucha por el reconocimiento de los derechos de las mujeres trans en México volvió a poner sobre la mesa las deficiencias de las instituciones de justicia.
Kenya Cuevas, víctima indirecta del asesinato de Paola y una de las principales activistas por los derechos de las personas trans en el país, denunció haber sido víctima de actos de discriminación por parte de personal de la Fiscalía de Investigación del Delito de Feminicidio de la Ciudad de México, durante las acciones realizadas el 1 de septiembre.
De acuerdo con la activista, personal de la institución se habría referido a las mujeres trans que acudieron al lugar utilizando términos y pronombres que desconocen su identidad de género, una situación que consideró particularmente grave debido a que ocurrió precisamente en una institución encargada de investigar delitos relacionados con la violencia contra las mujeres.
La protesta derivó en destrozos en las instalaciones de la Fiscalía, en medio del reclamo de justicia y de la exigencia de que el caso de Paola Buenrostro sea investigado y reconocido desde una perspectiva que considere la violencia específica que enfrentan las mujeres trans.
Diez años después, el caso de Paola sigue marcando un precedente
Paola Buenrostro fue asesinada en septiembre de 2016, en la Ciudad de México. Kenya Cuevas se encontraba con ella cuando ocurrió el ataque y desde entonces emprendió una lucha para exigir justicia.
El caso tuvo una enorme relevancia porque evidenció la falta de reconocimiento institucional de los crímenes cometidos contra mujeres trans y contribuyó a impulsar una discusión que durante años había sido ignorada: la necesidad de reconocer el transfeminicidio como una forma específica de violencia.
A partir de aquella lucha, Kenya Cuevas se convirtió en una de las voces más visibles del movimiento trans en México y participó en los esfuerzos que impulsaron cambios legales, protocolos y políticas públicas para garantizar una atención adecuada a las personas de la diversidad sexual y de género.
Arturo N., acusado por homicidio
En el proceso relacionado con el asesinato de Paola, Arturo N. fue señalado como presunto responsable. Sin embargo, uno de los puntos que nuevamente provocó indignación entre las activistas es que el delito por el que fue acusado es homicidio y no transfeminicidio.
La diferencia no es menor para Kenya Cuevas y para el movimiento que encabeza. El término transfeminicidio adquirió especial relevancia precisamente a partir del caso de Paola y de la lucha emprendida por la activista para que los asesinatos de mujeres trans sean investigados considerando el componente de odio, discriminación y violencia de género que puede existir detrás de estos crímenes.
Para Cuevas, reducir el caso a un homicidio significa dejar fuera una parte fundamental de la violencia que sufrió Paola por ser una mujer trans.
La activista ha insistido durante años en que la justicia no puede limitarse a capturar y procesar a un responsable, sino que debe reconocer plenamente a las víctimas, respetar su identidad y garantizar investigaciones libres de prejuicios.
Una lucha que trascendió el caso de Paola
El asesinato de Paola Buenrostro marcó un antes y un después en la trayectoria de Kenya Cuevas. Desde entonces, su activismo se ha extendido a la defensa de mujeres trans víctimas de violencia, discriminación y exclusión.
Su trabajo también ha contribuido a colocar en la agenda pública la violencia que enfrenta la población trans en México y la necesidad de que las autoridades cuenten con leyes, protocolos y mecanismos de atención con perspectiva de género y diversidad sexual.
Por ello, lo ocurrido el 1 de septiembre adquiere un significado especial para la activista: diez años después de iniciar su lucha por Paola, nuevamente denuncia que las instituciones encargadas de impartir justicia no respetan plenamente la identidad de las mujeres trans.
El reclamo de Kenya vuelve así a un punto fundamental de su lucha: que las mujeres trans sean reconocidas como mujeres, que sus identidades sean respetadas y que los asesinatos cometidos en su contra sean investigados sin prejuicios ni discriminación.
A casi diez años del asesinato de Paola Buenrostro, su nombre continúa siendo un referente de la lucha por el reconocimiento de los transfeminicidios en Méxicoy de la exigencia de que ninguna mujer trans tenga que enfrentar, además de la violencia, la indiferencia o los prejuicios de las instituciones que deberían protegerla.









































