Ciudad de México.— El uso excesivo de redes sociales entre niños, adolescentes y jóvenes se ha convertido en una de las principales preocupaciones para especialistas en salud mental, educación y desarrollo infantil a nivel mundial. Organismos internacionales y estudios recientes advierten que el tiempo prolongado frente a estas plataformas puede afectar el bienestar emocional, el rendimiento escolar y las relaciones sociales de millones de menores.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud OMS, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia UNICEF y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura UNESCO, un uso intensivo de las redes sociales se asocia con mayores niveles de ansiedad, depresión, alteraciones del sueño, baja autoestima y dificultades para mantener la lo atención, especialmente cuando no existe supervisión o educación sobre el uso responsable de la tecnología.
En México, la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares ENDUTIH, elaborada por el INEGI y el Instituto Federal de Telecomunicaciones IFT, muestra que más del 80% de la población de seis años o más utiliza internet, y que los adolescentes y jóvenes se encuentran entre los grupos con mayor nivel de conectividad. El acceso a teléfonos inteligentes ha facilitado que gran parte de este sector permanezca conectado durante varias horas al día, principalmente en plataformas como TikTok, Instagram, Facebook y WhatsApp.
Especialistas en salud mental advierten que pasar más de tres horas diarias en redes sociales puede incrementar el riesgo de presentar síntomas relacionados con problemas emocionales, particularmente entre adolescentes, según investigaciones publicadas en revistas científicas internacionales.
En América Latina, datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe CEPAL indican que la región registra una de las mayores tasas de crecimiento en conectividad digital, con millones de niños y adolescentes que utilizan internet de manera cotidiana para estudiar, entretenerse y socializar. Sin embargo, el organismo también ha advertido sobre la persistencia de brechas en educación digital y seguridad en línea.
Por su parte, UNICEF ha señalado que América Latina y el Caribe concentran a decenas de millones de usuarios menores de 18 años conectados a internet, muchos de ellos expuestos a riesgos como el ciberacoso, la desinformación, el contacto con desconocidos y la difusión no autorizada de información personal.
Uno de los problemas que más preocupa a especialistas es el ciberacoso. Estudios regionales han encontrado que entre uno y tres de cada diez estudiantes en distintos países de América Latina reportan haber sufrido alguna forma de violencia o acoso en línea, aunque la incidencia varía según el país y la metodología empleada.
Además, investigaciones internacionales han documentado que el uso excesivo de redes sociales puede alterar los ciclos de sueño debido al uso de dispositivos electrónicos durante la noche, lo que repercute en la memoria, el aprendizaje y el rendimiento académico.
No obstante, expertos coinciden en que las redes sociales también representan una herramienta valiosa cuando se utilizan de forma equilibrada. Estas plataformas pueden favorecer el aprendizaje, facilitar la comunicación, fortalecer redes de apoyo y ofrecer espacios para la creatividad, la participación ciudadana y el acceso a información.
Ante este panorama, la OMS, UNICEF y la UNESCO recomiendan que familias, escuelas y autoridades promuevan hábitos digitales saludables, establezcan límites al tiempo frente a las pantallas, fomenten actividades recreativas y deportivas fuera del entorno digital y fortalezcan la educación sobre seguridad en internet desde edades tempranas.
En diversos países de la región ya se discuten o implementan medidas para reforzar la protección de menores en plataformas digitales, entre ellas mecanismos de verificación de edad, controles parentales más robustos y mayores obligaciones para las empresas tecnológicas en materia de privacidad y seguridad.
Especialistas concluyen que el desafío no consiste en alejar por completo a niños y jóvenes de las redes sociales, sino en enseñarles a utilizarlas de forma crítica, segura y equilibrada para aprovechar sus beneficios sin comprometer su salud mental ni su desarrollo.









































